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22 de Enero de 2016 - Pobreza

La Rioja-La pobreza tiene cara de la niñez

Según un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, si bien la pobreza se redujo, cada vez está más infantilizada con un 21,6 por ciento de niños pobres.

Los resultados se desprenden del informe denominado Diagnóstico de la Primera Infancia, publicado recientemente por el CIPPEC, que afirma que la Argentina no escapa al fenómeno de infantilización de la pobreza que atraviesa a América Latina, caracterizado por niveles de pobreza más elevados en la infancia que en la población general. 
La primera infancia, es entendida como la etapa que abarca entre el embarazo y los primeros cuatro años de vida, es un período crucial para el desarrollo físico, intelectual y emocional de las personas. 
El último censo realizado en la Argentina en 2010, señala que hay 3.337.652 niños de entre 0 y 4 años, lo que implica que un 8,3 por ciento de la población total del país es menor de 5 años. 
Según la investigación, la tasa de pobreza por ingresos de los niños entre 0 y 4 años en el segundo semestre de 2014, fue 21,6 por ciento (un 30 por ciento menos que en 2003, que se ubicó en 51,7 por ciento) y de 9,2 por ciento de infantes indigentes, frente a 12,9 por ciento y 5,5 por ciento respectivamente en la población general (tomando una línea de pobreza de 4 US$ al día y de indigencia de 2,5 US$ al día, ajustadas por paridad del poder adquisitivo, PPA). 
Este diagnóstico también se verifica al observar otras formas posibles de medir pobreza. Al respecto que comparó que en 2010 un 22,3 por ciento de los niños de hasta 4 años vivían en hogares con necesidades básicas insatisfechas (NBI), frente al 12,5 por ciento de la población total (INDEC, 2010). 
Además, a pesar de que la pobreza se ha reducido en los últimos años, su infantilización se ha profundizado. Mientras en 2003 la incidencia de la pobreza por ingresos para la primera infancia era 1,4 veces mayor que para toda la población, en 2014 esta relación aumentó a 1,7 (el análisis de la brecha en la tasa de indigencia por ingresos registra un ascenso de 1,5 a 1,7). Al comparar el porcentaje de niños de 0 a 4 que vivían en hogares con NBI y este mismo porcentaje para la población total, la brecha también se incrementó, de 1,6 a 1,8 entre los censos nacionales de 2001 y 2010. 
 
HOGARES CON HIJOS MÁS POBRES 
Según el documento, este fenómeno de infantilización de la pobreza es el reflejo de que los ingresos son menores para las personas con hijos. En 2012, 48,6 por ciento de las madres y 47,6 por ciento de los padres que vivían con sus hijos formaban parte del 30 por ciento de los hogares con menos ingresos per cápita familiar, mientras que sólo 12,5 por ciento de las mujeres y 11,7 por ciento de los hombres sin hijos pertenecían a este grupo. 
Por otra parte, los porcentajes de pobreza aumentan de acuerdo con quienes conviven con sus hijos menores de cuatro años: 52,2 por ciento de las madres y 50,8 por ciento de los padres en esta situación forman parte del 30 por ciento de los hogares con ingresos más bajos. 
A su vez, ilustra que en niveles socioeconómicos más bajos se encuentran mujeres que han sido madres más tempranamente y con más hijos. Como promedio, en 2012, en el 30 por ciento de los hogares con menores ingresos per cápita las mujeres concibieron a su primer hijo a los 22,7 años y tuvieron 2,7 hijos en total, mientras que en el 30 por ciento de los hogares con mayores ingresos, la edad promedio del primer parto fue 28 años y un total aproximado de 1,7 niños. 
 
MUERTES EVITABLES 
El informe consigna datos de UN Inter-agency Group for Child Mortality Estimation, que indican que la tasa de mortalidad entre niños menores de 5 años se ubicó en 13 en 2015, y la tasa de mortalidad infantil en 11, en ambos casos por debajo del promedio de América Latina y El Caribe (18 y 15, respectivamente). Sin embargo, la reducción de las muertes en la Argentina (del 54 por ciento en ambos casos respecto de 1990) fue menos pronunciada que en la región (del 66 y 65 por ciento respectivamente desde 1990). 
Cabe aclarar que estos últimos datos no son oficiales, puesto que en la actualidad las últimas estadísticas de la Dirección de Estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación corresponden al 2013, e indican una tasa de mortalidad entre niños de 1 a 4 años de 0,5 por cada mil niños y la tasa de mortalidad infantil (refiere a menores de 1 año) de 10,8 por cada mil nacidos vivos, con una reducción de más de la mitad a nivel nacional entre 1990 y 2013 (-58 por ciento ), y una reducción también en todas las provincias. 
Además, señala que en 2013 el 61,8 por ciento de las muertes en el primer año de vida ocurrieron por causas evitables, porcentaje que ha aumentado drásticamente en 2010 (sin estar acompañado por una gran reducción de las tasas de mortalidad) “y todavía no ha podido recobrar los valores que tenía en la primera década de este milenio”. En particular, las muertes neonatales reducibles aumentaron en 2010 (en términos de cantidad de muertes y como porcentaje del total de muertes neonatales) y, a 2013, todavía no alcanzaron el valor que tenían en 2009. 
Por su parte, en 2013 la tasa de mortalidad materna se ubicó en 3,2 madres fallecidas cada 10.000 nacidos vivos. La investigación resalta que aunque es el valor más bajo de los últimos 15 años, no alcanza a cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio de reducir en un 75 por ciento la mortalidad materna entre 1990 y 2015. La mayoría de las muertes maternas se producen entre el tercer trimestre del embarazo y la primera semana post parto. 
 
EMBARAZO ADOLESCENTE 
La investigación sostiene que a diferencia de las tendencias internacionales, en la Argentina, la tasa de fecundidad adolescente aumentó de 30,5 por cada mil mujeres de entre 10 y 19 años en 2001, al 35,3 en 2011. En 2012, 12,3 de las mujeres de entre 15 y 19 años tenían un hijo o estaban embarazadas. 
En tanto, consigna que lo descrito refiere al estado de situación efectivamente observable, “pero al analizar las causas detrás de estos acontecimientos se observa que la relación de causalidad entre tener hijos (cuántos y a qué edad) y el nivel socioeconómico no es clara, ya que no parece haber una dirección única de causa a efecto. 
Por un lado, sostiene que en la Argentina “tener hijos disminuye el nivel socioeconómico de la familia” y que como los niños consumen más que los ingresos que generan “y en nuestro país son las familias quienes cubren la mayor parte de ese déficit, las familias se empobrecen al cubrir el consumo de bienes y servicios de sus hijos”. 
 
DÉFICIT EN LA NUTRICIÓN 
En 2011 y 2012, todavía el 46 por ciento de los niños de Argentina no recibía lactancia materna exclusiva en sus primeros seis meses, a pesar de estar ampliamente recomendada. Si bien representa un porcentaje mayor al promedio regional “pero todavía queda mucho camino por recorrer”. 
Además, el documento de CIPPEC afirma que para 2014 el 10,5 por ciento de los niños de 2 a 5 años tenía déficit simultáneo en el consumo de frutas, verduras y lácteos, y más de la mitad consumía inadecuada o insuficientemente verduras, frutas o pastas y arroz. 
Por su parte, también las madres gestantes sufren deficiencias dietarias reducibles: en 2005, 30,5 por ciento sufría anemia. Asimismo, se analiza que otra problemática nutricional en aumento 
es el inicio temprano de la obesidad: “en 2005, el 10,4 por ciento de los niños entre seis meses y cinco años eran obesos” y que este problema muestra mayor incidencia en los niños no pobres, cuya prevalencia fue de 11,8 por ciento, en comparación con aquellos niños en situación de pobreza, donde el porcentaje disminuye a 9,7 por ciento”. 
No obstante, se aclara que no debe asociarse mecánicamente pobreza-desnutrición y opulencia-obesidad, ya que la obesidad se relaciona principalmente con la malnutrición y, por eso, está presente también en los sectores socioeconómicos más bajos, que presentan una monotonía en la alimentación y una composición inadecuada de la dieta. 
 
INVERTIR MÁS EN LOS PRÓXIMOS AÑOS 
Como conclusión, la investigación de CIPPEC, sostiene que el bono demográfico del que gozará la Argentina hasta 2043 provee una excelente oportunidad para diseñar una política integral de primera infancia. Un período que resulta diez años más corto que el promedio de América Latina, estimado de 2002 a 2053 (CIPPEC, sobre la base de CELADE-CEPAL), 
El diagnóstico realizado, evidencia “que, a pesar de los avances alcanzados, todavía hay mucho por hacer para mejorar la situación de la primera infancia en la Argentina. Invertir en políticas destinadas a este grupo etario ayudará al desarrollo integral de los más pequeños y al ejercicio de sus derechos y contribuirá a reducir la reproducción de la desigualdad y aumentar el potencial desarrollo del país”. 
 
DISMINUCIÓN DE FECUNDIDAD 
La concentración de los 3.337.652 niños de 0 a 4 años que hay en el territorio argentino es muy despareja y coincide en gran medida con la distribución de la población general: se destaca la provincia de Buenos Aires, que alberga el 38,8 por ciento de este grupo etario y supera cinco veces a Córdoba, que ocupa el segundo lugar con el 7,8 por ciento. Por otro lado, 89,6 por ciento de los niños vive en ámbitos urbanos y el resto en el ámbito rural (3,4 por ciento en el rural agrupado y 7 por ciento en el rural disperso). 
El estudio remarca que la población total aumentó un 10,6 por ciento entre los últimos dos censos nacionales y la población de 0 a 4 se estancó (estrictamente, disminuyó 0,3 por ciento, por lo que cayó significativamente su peso relativo en el conjunto de la población pasando de 9,2 por ciento al mencionado 8,3 por ciento). Según las proyecciones poblacionales del INDEC, mientras la población total aumentó 17 por ciento entre 2001 y 2015, el grupo de 0 a 4 años creció apenas 5 por ciento. 
La Argentina está atravesando un proceso demográfico determinado por la disminución sostenida de la fecundidad y la mortalidad. Gracias a que el fenómeno de descenso de la fecundidad ha tenido un mayor efecto que el aumento la longevidad, la Argentina (al igual que muchos otros países de la región) está en una etapa de bono demográfico caracterizada por una baja tasa de dependencia: menos población inactiva (niños y adultos mayores) en relación a la población activa. 
El bono demográfico argentino comenzó en 2002 y durará hasta aproximadamente 2043, etapa que se considera “constituye una gran oportunidad que no debe desperdiciarse”: es un período único en el cual se necesitará un menor esfuerzo de parte de la población en edad de trabajar para aumentar los recursos destinados a la población de menor y mayor edad y, por ende, para mejorar su atención y calidad de vida, así como la productividad futura de la sociedad en su conjunto”, remarca el informe del CIPPEC. 
 
FRASES 
* “Un 8,3 por ciento de la población total del país es menor de 5 años”. 
* “La tasa de mortalidad entre niños menores de 5 años se ubicó en 13 en 2015”. 
 
Fuente: El Independiente

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